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En ocasiones y sin un motivo claro, somos victimas de razonamientos absurdos. Es como si por algún tipo de consenso no escrito nos hayamos propuesto idiotizarnos repitiendo sin parar, y sobretodo sin cuestionar, argumentos como el de que la droga es mala.

Ya de por si atribuir “moral” a un objeto es ridículo, pero más ridículo es decir, por ejemplo, que la culpa de tal o cual accidente ha sido del alcohol. Tratamos de convertir en chivo expiatorio de nuestros excesos a una sustancia cuando el verdadero problema es la actitud de la persona que toma algún tipo de droga.

Si existe la maldad y la bondad éstas no tienen que ver con objetos inanimados de los que nos tengamos que proteger. Pues si así fuera no existirían las armas, pero en este caso si se pone la responsabilidad en quien las usa, y no en el arma en si.

Durante mucho tiempo hemos recibido mensajes del tipo di no a las drogas, las drogas son malas, las drogas te matarán, etc… Es como si las personas que elaboran ciertas campañas hayan pensado que los jóvenes somos idiotas y nos tienen que asustar dando como única vía la abstinencia. Pero resulta que todos esos mensajes que durante tantos años hemos recibido no han acabado de funcionar: las tasas de consumo de drogas durante un tiempo se incrementaron y no ha sido hasta en estos últimos años donde hemos podido ver una estabilización e incluso un descenso del consumo de algunas drogas mientras que la aceptación social de algunas de estas sustancias aumenta.

Así que por el momento sería mucho más útil enfocar los mensajes preventivos hacía las personas en lugar de hacía las sustancias. Ofrecer información clara no solo sobre sus efectos, sino también sobre aquellas conductas que pueden minimizar los riesgos si es que se consume o una persona cercana lo hace.

Y es que, a fin de cuentas, todo es una construcción social. A continuación un ejemplo:

IMPORTANTE: leer hasta el final.

Estados Unidos va a retirar las ayudas que concede a la República de Nairú, pequeño y próspero país de Oceanía que agrupa a un archipiélago de islas al este de Australia. Se plantea además forzar su expulsión de la ONU. El motivo es la falta de obediencia a los dictados del centinela de Occidente en tema de drogas. Concretamente, la tolerancia hacia el consumo generalizado de una sustancia con propiedades psicoactivas, que se viene fabricando artesanalmente desde tiempos inmemoriales. Los Institutos de la Salud de los USA dedicaron una partida de su presupuesto a la investigación de los efectos nocivos del ETL, nombre con el que ha sido bautizada en occidente. Algunos turistas americanos han importado el procedimiento de producción, y se teme que pueda llegar a ser la nueva plaga del siglo XXI. Se obtiene como el kéfir, como subproducto metabólico de un bichito, al que se alimenta con jugos de ciertas plantas autóctonas. El microorganismo genera el ETL como toxina para proteger su medio nutritivo, su territorio, contra la invasión de otros microbios golosos. Su toxicidad es tal, que los nativos lo consumen disuelto en agua, pues de lo contrario experimentarían úlceras a todo lo largo del sistema digestivo superior. Aunque no hay unanimidad al respecto, las propiedades psicoactivas del ETL se derivarían de su acción en los receptores del glutamato, uno de los más de 20 neurotransmisores conocidos. Según otros estudios serían consecuencia de la perturbación de la transmisión de la señal dentro la neurona, concretamente en los canales iónicos. Aclaración: los neurotransmisores comunican una neurona con otra. Los canales iónicos son pequeños poros de la membrana de la neurona que dejan pasar selectivamente iones (átomos con carga eléctrica + o -), creando una onda de cargas que se transmite sobre la membrana igual que las ondas de agua lo hacen en su superficie al tirar una piedra. En cualquier caso, parece que la droga es poco selectiva y actúa a varios niveles, provocando un efecto depresor general del sistema nervioso. Este hecho tiene diversos efectos. En la corteza cerebral, se inhiben los circuitos relacionados con la razón y la discreción, resultando una conducta imprudente y locuaz que puede degenar en agresividad. Dependiendo de la dosis, puede afectar a las neuronas relacionadas con el habla y el equilibrio, e incluso con el control autónomo del sistema respiratorio y cardíaco, provocando coma y muerte. Cada fin de semana, los jóvenes nairuneños, consumidores imprudentes de la droga provocan peleas y altercados. Se calcula que una buena parte de las muertes que se producen en las carreteras de Nairú se deben al consumo, incluso de dosis bajas, de ETL. Según el Instituto de Salud de los USA, la alarma viene, no solo de las muertes producidas por sobredosis, relativamente poco frecuentes, sino de los efectos tóxicos acumulados a largo plazo. Se calcula que una fracción de la población de Nairú, muere cada año antes de tiempo por el consumo de la droga. Más de un 30 % de la población psiquiátrica deriva sus problemas mentales de la adicción al ETL. Tanto in vivo como in vitro, se ha comprobado la capacidad destructiva a nivel neuronal. Se contarían en decenas de millones las neuronas que desaparecen tras el consumo continuado del ETL. Su consumo inmoderado provoca adicción psíquica y física. Cuando una persona habituada deja de recibir su dosis, experimenta un síndrome de abstinencia tan agresivo como el la heroína. Además de su neurotoxicidad, la poca selectividad del ETL lo convierte en un tóxico para muchos otros órganos del cuerpo, especialmente el corazón y sistema circulatorio en general, hígado, páncreas y riñones. BUENO, PARTE DE LO DICHO ANTERIORMENTE NO ES CIERTO. En realidad, la república de Nairú no existe, ni su conflicto con los USA. Lo que sí existe es la peligrosa sustancia y sus efectos, consumida abundantemente por más de medio mundo. El ETL es el etanol, principio activo de todas las bebidas alcohólicas. (Por Santiago Tena)

Como vemos, en nuestra sociedad, una sustancia tan dañina con el alcohol goza de aceptación social e institucional, promoción, y por si fuera poco existe una cultura de su consumo con normas que sirven como guías para realizar consumos moderados y responsables: beber un poco en celebraciones, acompañar la bebida con comida, no conducir habiendo bebido…

Y por supuesto, también hay maneras más perjudiciales de beber alcohol: atracones en poco tiempo, beber sin haber comido, etc…

Es, en ambos casos, la misma sustancia y lo que difiere es la manera de usarla.

Como se ha dicho un poco más arriba, mensajes de miedo o morales no estimulan el pensamiento, simplemente tratan de dirigir hacia ciertos comportamientos en lugar de promover un proceso de reflexión que lleve a la conclusión de que es mejor no consumir ciertas sustancias o si se hace, consumirlas de una manera que sea lo menos dañina para uno y para los demás.

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